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Alan Dye cierra NB Studio tras 29 años y apuesta por más alegría en el diseño

Tras casi tres décadas, más de 50 lápices D&AD y reconocimientos que llegaron hasta Buckingham Palace, Alan Dye y Nick Finney cierran NB Studio. El diseñador británico comparte por qué está entusiasmado con volver a empezar y por qué el diseño necesita recuperar la alegría.

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Alan Dye cierra NB Studio tras 29 años y apuesta por más alegría en el diseño
Creative Boom

El cierre de un estudio después de 29 años no siempre es una noticia triste. En el caso de NB Studio, fundado por Alan Dye y Nick Finney, representa el final de una etapa exitosa y el comienzo de algo nuevo, más ligero y lleno de alegría.

Según las palabras del propio Alan, la decisión de cerrar el estudio llega después de un largo recorrido que incluyó más de 50 lápices D&AD, exposiciones internacionales y hasta una celebración con champagne en Buckingham Palace. Lejos de lamentarse, él se muestra entusiasmado con la idea de volver a empezar desde cero.

En una entrevista reciente, Alan Dye explicó que el estudio había alcanzado un punto en el que se sentía más como una empresa consolidada que como un espacio creativo vivo. Los procesos se habían vuelto pesados y la rutina diaria ya no generaba la misma chispa de los primeros años. Por eso, tanto él como Nick coincidieron en que era momento de cerrar las puertas y buscar nuevos caminos.

Lo interesante es que Alan no habla de fracaso ni de burnout. Habla de alegría. Para él, el diseño gráfico y la ilustración han perdido, en muchos casos, ese componente lúdico y humano que los hacía especiales. Demasiado enfoque en métricas, en briefs corporativos fríos y en procesos estandarizados ha dejado poco espacio para la experimentación genuina y el placer de crear.

"Necesitamos más alegría en el diseño", afirma. Esa frase resume gran parte de su reflexión actual. Después de casi tres décadas resolviendo problemas visuales para clientes de todo tipo, Alan siente que es hora de recordar por qué muchos entramos en este mundo: porque nos gustaba dibujar, jugar con formas, contar historias y sorprender.

El cierre de NB Studio no significa que Alan deje de trabajar. Al contrario, está ilusionado con retomar proyectos más personales, colaboraciones más espontáneas y un enfoque que priorice la experimentación por sobre la perfección. Habla de volver a ser un "beg" (principiante absoluto), con la libertad que eso implica.

Esta historia resuena especialmente con ilustradores y diseñadores que llevan varios años en la profesión. Es común sentir que el oficio se vuelve más administrativo que creativo: presupuestos, reuniones, revisiones interminables y poco tiempo real para dibujar o explorar. El mensaje de Alan invita a replantearse si estamos creando desde un lugar de disfrute o solo cumpliendo entregas.

Desde el lado práctico, también es una invitación a revisar cómo estructuramos nuestro trabajo freelance o de estudio. Muchas veces acumulamos clientes, procesos y responsabilidades que terminan alejándonos de lo que realmente nos motiva. Cerrar o reinventar no siempre es dramático; a veces es la forma más honesta de seguir creciendo.

Para quienes recién empiezan o están en nivel intermedio, la experiencia de Alan sirve como recordatorio de que la carrera no es una línea recta ascendente. Puede haber ciclos, cierres y recomienzos. Y que está bien celebrar lo logrado y luego soltar para volver a disfrutar.

El diseño, como la ilustración, gana cuando hay espacio para la curiosidad, el error y la diversión. Recuperar esa alegría no es un detalle menor: puede ser lo que marque la diferencia entre un trabajo correcto y uno memorable.

Quizás el mayor legado de NB Studio no sean sus premios, sino esta reflexión final de Alan Dye: que vale la pena detenerse, evaluar y elegir caminos que nos devuelvan el placer de crear. En un mundo cada vez más automatizado y exigente, esa decisión suena más necesaria que nunca.

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