Cultura

Gaia Alari y sus dibujos táctiles: wobbly lines, cuerpos y emociones

La ilustradora italiana que dejó la medicina por el arte cuenta cómo construye mundos inmersivos con carbón, lápiz y animación frame-by-frame. Sus personajes se estiran como masa, los perros saltan como ovejas y todo se siente hecho a mano.

Publicado el 17 de agosto de 2026, 11:55 hs

Cuaderno de bocetos abierto con trazos a lápiz y lápices alrededor

Gaia Alari construye universos donde los cuerpos se estiran como si fueran de plastilina, las flores envuelven personajes enteros y las palomas se enredan en hilos. Lo que más llama la atención en su obra es la huella visible del proceso: líneas que tiemblan ligeramente, manchas de carbón que conviven con un preciso crosshatching y una ausencia total de pulido digital. Todo se ve hecho por una mano que estuvo ahí, presionando, corrigiendo y disfrutando cada marca.

Su camino no fue el clásico. Estudió medicina antes de dar un salto de fe hacia el arte contemporáneo, el cine y los estudios humanos. Se enseñó sola a dibujar y animar, empezando por imágenes fijas en papel y avanzando hacia animaciones cada vez más complejas. Hoy, después de más de seis años trabajando principalmente en solitario, se especializa en animación tradicional frame-by-frame, instalaciones de video y, más recientemente, roles de dirección y dirección de arte en proyectos comerciales y cinematográficos para clientes como Coldplay, Beats by Dre, Subpop, Warner, MoMA, The Atlantic y The New Yorker.

Todo comienza en el papel, el único lugar donde se siente segura para explorar. Mancha el espacio negativo con una marca y deja que la historia vaya sacando personajes casi por instinto. Compara el proceso con jugar al “cadáver exquisito” consigo misma: sabe que debe ir de A a B, pero cualquier cosa puede pasar en el medio. Cuando el encargo lo requiere, arma storyboards y planea con más control, pero siempre se deja un margen para desviarse.

Su inspiración viene casi exclusivamente del arte visual. Dice que no hay lugar donde se sienta más feliz que en un museo, aunque el mar le corre muy de cerca. Desde chica hojeaba Point, Line to Surface de Kandinsky y, aunque no entendía todo, absorbió conceptos que después, de adulta, pudo articular. En su estudio acumuló una biblioteca importante de catálogos de arte que consulta cuando necesita “comida para el pensamiento” o simplemente un empujón.

Uno de sus trabajos recientes favoritos es la colaboración con la New York Times Magazine para el ensayo Walnut and Me de Sam Anderson. Ilustró decenas de perros y exploró cómo combinar texto e imagen con una calidad minimalista de libro infantil. Aprendió a usar el espacio negativo con intención y a ritmar la narración visual junto a las palabras para transmitir emociones que quedaban entre líneas. “También, simplemente amo a los perros”, dice con una sonrisa que se nota incluso por escrito.

En su pieza para MoMA How does your body react to art?, compuesta por alrededor de 1.200 dibujos de carbón y pastel al óleo, visualiza cómo el cuerpo reacciona a la experiencia artística. El personaje se estira, se multiplica, se transforma y gira de formas oníricas, acompañando un ejercicio somático recitado por la Dra. Emily Price. La animación fue seleccionada como Vimeo Staff Pick y muestra emociones complejas, a veces inesperadas y difíciles de procesar.

Debajo de toda su producción late un interés sostenido por los cuentos populares y los arquetipos como forma de nombrar sentimientos. Prefiere plantear preguntas que el espectador pueda llevarse y rumiar, en lugar de dar respuestas cerradas.

Ahora tiene varios proyectos importantes en marcha: una pieza emocionalmente densa para The New Yorker sobre el avance de la IA en el duelo y la memoria, una colaboración de moda alta que la tiene muy entusiasmada y su mayor desafío hasta la fecha: un cortometraje de animación hand-drawn de 8 minutos y 30 segundos titulado What Comes at Night. Cuenta la historia de una mujer insomne cuya falta de sueño toma la forma de un pez dorado que luego se convierte en un leviatán. “Es una animación hand-drawn completa de 8’30 (ayuda)”, comenta. “Ya estamos llegando”.

Gaia Alari sigue aprendiendo, como ella misma repite. Esa curiosidad constante y la decisión de mantener la tactilidad en cada trazo son lo que hace que sus mundos se sientan tan cercanos, aunque habiten entre el sueño y la vigilia.

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