Inspiracion

Riki Blanco: «Estamos tristemente en una involución del paladar visual»

El ilustrador premiado con el Gràffica 2026 reflexiona sobre creatividad, inteligencia artificial, la importancia de los referentes y el deterioro del lenguaje gráfico en una charla íntima desde su estudio.

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Riki Blanco: «Estamos tristemente en una involución del paladar visual»
Gràffica

El ilustrador Riki Blanco recibió el Premio Gràffica 2026 por una trayectoria que entiende la ilustración como una forma de pensamiento capaz de interpretar, transformar y, en ocasiones, existir sin palabras. Su trabajo se adapta a prensa, libros, animación, escena y música manteniendo siempre una voz reconocible.

En una conversación reciente en el programa Hoy empieza todo de Radio 3, Blanco conversó con Nacho Álvaro y Marta Echevarría sobre los motores de su creatividad, el rol de la actualidad en su mirada crítica y las preocupaciones que tiene respecto al lenguaje visual contemporáneo.

Ante la pregunta sobre cómo alimenta esa mordacidad y sarcasmo que caracteriza muchas de sus piezas, el ilustrador fue claro: “Esto se alimenta con el telediario”. Las noticias y la realidad diaria actúan como combustible. Aunque reconoce que le gustaría planear hacia un lugar más apacible, la realidad que le llega lo impulsa a reaccionar y señalar lo injusto o lo molesto.

Blanco diferencia claramente entre imaginación y creatividad. Mientras que cualquiera puede imaginar o pedirle a una herramienta como ChatGPT algo aleatorio, la creatividad consiste en hacer algo valioso con lo que se tiene a mano. Esa distinción parece central en su forma de entender el oficio.

Como docente, sigue impartiendo clases de ilustración para prensa, revistas y cubiertas, además de tutorías de procesos creativos y álbumes. Para él, cada soporte exige un conocimiento específico: no es lo mismo ilustrar Moby Dick que un artículo sobre economía o bitcoin. Las diferencias radican tanto en la narrativa como en la pregnancia del dibujo, el tiempo disponible y las características del medio.

Durante la charla, los conductores recorrieron virtualmente su estudio, un espacio lleno de historia. Blanco reveló que el lugar fue construido por el chófer del marqués de Urquijo y que en su día guardó coches deportivos de alta gama. Hoy está poblado de muebles antiguos, carteles de época, objetos curiosos y un pequeño escenario donde organiza conciertos íntimos para petit comité. Artistas como Sílvia Pérez Cruz han pasado por allí.

El ilustrador confesó que no tiene muchas de sus propias obras colgadas, pero sí piezas de compañeros y algunos trabajos personales como un cartel para un concierto de Beth Gibbons o un retrato que marcó un hito en su carrera. Ese mismo retrato, según contó entre risas, le permitió “resarcirse” de las matemáticas que le suspendieron durante toda la EGB.

Una parte importante de la conversación giró en torno al “gabinete de curiosidades” que habita su estudio. Carteles, muebles, botiquines y letras de rótulos comerciales conviven con la bici estática y la monstera. Para Blanco, estos objetos son “alimento para el alma”. Citando a Joan Brossa, explicó que construye su obra sobre esa cultura acumulada de papeles e imágenes, solo que prefiere tenerlos en las paredes en lugar de por el suelo.

Sobre la diferencia cultural al ilustrar para medios españoles o internacionales como The New York Times, señaló que cambia considerablemente el bagaje del público. Objetos cotidianos para nosotros pueden resultar incomprensibles en otros contextos, y los directores de arte suelen pedir ajustes cuando una imagen no transmite la connotación esperada. Puso como ejemplo el toro de Osborne, un icono español desde 1956 que no necesariamente evoca lo mismo para un lector estadounidense.

Blanco expresó su preocupación por lo que considera una involución del paladar visual. Cree que estamos perdiendo capacidad para leer y valorar el lenguaje gráfico con la profundidad de antes. Esta idea, expresada con tristeza, resume buena parte de su mirada crítica actual y explica por qué sigue usando la ilustración como herramienta para pensar y cuestionar la realidad.

Su trayectoria demuestra que una imagen puede ser relato, argumento, atmósfera y objeto cultural al mismo tiempo. El Premio Gràffica 2026 reconoce precisamente esa capacidad de ensanchar los límites profesionales de la ilustración y de mantener una voz propia sin renunciar a la adaptación constante.

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